Este no es el momento de la tecnología. Es el momento de las personas.
Con esa frase, José María Álvarez-Pallete, expresidente de Telefónica, explicó en una graduación de la Universidad Villanueva su visión de futuro. Recordó que estamos en una época tecnológicamente extraordinaria, en la que el smartwatch que llevamos en la muñeca tiene 500.000 veces más capacidad de computación que toda la NASA cuando mandó un hombre a la Luna en 1969.
Sí, pero frente a los grandísimos avances, tenemos iguales retos. Y mencionó algunos de ellos: ¿Es éticamente aceptable seleccionar el coeficiente intelectual o el color de los ojos de nuestros hijos? ¿Debemos aceptar el estado de esclavitud digital en el que nos encontramos, donde nos pasamos la vida minando datos para que otros se hagan ricos con algo que nos pertenece? ¿Cómo protegemos a los menores de herramientas que les hacen aspirar a ideales de belleza que no existen y por tanto son inalcanzables, pero les generan ansiedad, frustración, depresión, ira y los aísla?
Y es que, efectivamente, hoy más que nunca -y estoy con él en esta afirmación- es el momento de poner a las personas en el centro y no olvidar que la tecnología está al servicio de las personas y no al revés. Es el tiempo de las ciencias sociales. Necesitamos tecnólogos, ingenieros, matemáticos y físicos, pero también abogados, economistas, sociólogos, filósofos, periodistas que comprendan este mundo y nos permitan redactar un nuevo contrato social. La tecnología -recordó- debe ser un ascensor social que nos eleve a todos y no solo a unos pocos.
Son “tiempos recios donde no hay un mapa, donde solo nuestros valores comunes nos pueden servir de pilar y guía. Las máquinas pueden emular razonamiento lógico, pero hay cosas que jamás podrán comprender o emular.”
Ese es el punto. No hay mapa, estamos en un terreno inexplorado y, a mi entender, solo los valores van a llevarnos por el camino correcto. Estamos en un cambio de era, pero creo que el faro que suponen los valores cristianos sigue vigente. No podemos volver a instaurar la ley del más fuerte, la del más listo, la del menos escrupuloso. Debemos volver a beber en los valores que nos han hecho más grandes, más prósperos, más humanos.
Hoy más que nunca hay que recordar que todos, seamos más o menos listos, más o menos guapos, tengamos la piel del color que la tengamos, tenemos una dignidad infinita. Hoy, cuando prima la rapidez y la eficiencia, hay que recordar que la vulnerabilidad merece un respeto mayor.
Ojalá que evitemos los “cantos de sirena” que suponen las ideas de un futuro tecnológico ideal, al que solo pueden aspirar unos pocos privilegiados. Son muy atractivos para todos, pero utópicos, peligrosos, engañosos. Y ya sabemos cómo acababan los barcos que seguían esos cantos que tan bien sonaban: naufragando.
Usemos la tecnología para el bien de todos. Es el momento de las personas, es el momento de los valores.
(aquí la lección magistral entera: https://bit.ly/4jUPnuc)
Publicado originalmente en Linkedin, hace 6 meses.
Sí, pero frente a los grandísimos avances, tenemos iguales retos. Y mencionó algunos de ellos: ¿Es éticamente aceptable seleccionar el coeficiente intelectual o el color de los ojos de nuestros hijos? ¿Debemos aceptar el estado de esclavitud digital en el que nos encontramos, donde nos pasamos la vida minando datos para que otros se hagan ricos con algo que nos pertenece? ¿Cómo protegemos a los menores de herramientas que les hacen aspirar a ideales de belleza que no existen y por tanto son inalcanzables, pero les generan ansiedad, frustración, depresión, ira y los aísla?
Y es que, efectivamente, hoy más que nunca -y estoy con él en esta afirmación- es el momento de poner a las personas en el centro y no olvidar que la tecnología está al servicio de las personas y no al revés. Es el tiempo de las ciencias sociales. Necesitamos tecnólogos, ingenieros, matemáticos y físicos, pero también abogados, economistas, sociólogos, filósofos, periodistas que comprendan este mundo y nos permitan redactar un nuevo contrato social. La tecnología -recordó- debe ser un ascensor social que nos eleve a todos y no solo a unos pocos.
Son “tiempos recios donde no hay un mapa, donde solo nuestros valores comunes nos pueden servir de pilar y guía. Las máquinas pueden emular razonamiento lógico, pero hay cosas que jamás podrán comprender o emular.”
Ese es el punto. No hay mapa, estamos en un terreno inexplorado y, a mi entender, solo los valores van a llevarnos por el camino correcto. Estamos en un cambio de era, pero creo que el faro que suponen los valores cristianos sigue vigente. No podemos volver a instaurar la ley del más fuerte, la del más listo, la del menos escrupuloso. Debemos volver a beber en los valores que nos han hecho más grandes, más prósperos, más humanos.
Hoy más que nunca hay que recordar que todos, seamos más o menos listos, más o menos guapos, tengamos la piel del color que la tengamos, tenemos una dignidad infinita. Hoy, cuando prima la rapidez y la eficiencia, hay que recordar que la vulnerabilidad merece un respeto mayor.
Ojalá que evitemos los “cantos de sirena” que suponen las ideas de un futuro tecnológico ideal, al que solo pueden aspirar unos pocos privilegiados. Son muy atractivos para todos, pero utópicos, peligrosos, engañosos. Y ya sabemos cómo acababan los barcos que seguían esos cantos que tan bien sonaban: naufragando.
Usemos la tecnología para el bien de todos. Es el momento de las personas, es el momento de los valores.
(aquí la lección magistral entera: https://bit.ly/4jUPnuc)
Publicado originalmente en Linkedin, hace 6 meses.

No hay comentarios:
Publicar un comentario