Hace unos días estuve en una sesión con Aniceto Masferrer, profesor de Derecho en la Universidad de Valencia y divulgador y conferenciante sobre temas como el carácter, la libertad y la gestión de la vida entre gente joven (aquí va un link de su instagram).
Una de las ideas que me gustó es que decía que vivimos atrapados en tres paradigmas, en tres primacías que damos por buenas, como sociedad, cuando en realidad lo que nos hace crecer es justo lo contrario.
El primer paradigma en el que estamos anclados, es la primacía del exterior. Prestamos una atención enorme a lo visible: el cuerpo, la actividad, los logros, el reconocimiento. Y, sin embargo, lo decisivo es el interior.
En esa sesión el ponente contó un mito sugerente, que como todo mito, ilustra asuntos complejos de manera simple: Zeus, Poseidón y ¿Hades? se preguntaban dónde esconder el secreto de la felicidad, para que los humanos nunca la encontrasen. "En la montaña más alta", propuso uno. "En el fondo del mar", dijo Poseidón. A lo que Zeus concluyó. "No, son demasiado aventureros, allí lo encontrarán. Lo esconderemos en el fondo de su corazón. Allí casi nunca llegan."
Cultivar la interioridad no es huir del mundo, es aprender a habitarlo mejor.
El segundo, es la primacía de la elección. Nos obsesiona elegir bien: estudios, trabajo, pareja, opciones.
Pero quizá lo verdaderamente decisivo no es tanto elegir como acoger lo que nos viene dado. Ser —decía Aniceto— buenos donatarios y para ser luego buenos donantes. Aceptar lo recibido (familia, talentos, límites, circunstancias) y sacarle partido, ponerlo en juego. No empezar siempre desde cero, sino desde lo dado. Esa misma idea se la volví a escuchar antes de ayer a Ana Iris Simón, en una conferencia en el Palacio de Vistalegre.
El tercero, por último, es la primacía de los resultados. Vivimos pendientes de métricas, éxitos, cifras, finales felices. Pero la vida no se juega ahí. Contaba Aniceto que lo importante es el proceso. Sembrar bien, cuidar lo que depende de uno, hacer lo correcto… y aceptar que los frutos no siempre se ven enseguida.
Quizá seremos más felices si miramos más estas tres primacías o paradigmas que no están tan de moda: menos exterior, menos control, menos obsesión por el resultado. Más interioridad, más acogida, más fidelidad al proceso.
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1 comentario:
Totalmente de acuerdo.Gracias.
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